Escenarios

Encuesta Nacional Jubilados

No todos los jubilados rechazan el veto a las jubilaciones. No todos los jubilados son Anti-milei. El peronismo padece una difícil situación para lograr representarlos víctima de su segmentación interna y sus difucultades para romper con la idea de Kirchnerismo=peronismo. Peronismo=corrupción.

agosto 24, 2025 · Por Sociolitica

Encuesta Nacional Jubilados

No todos los jubilados rechazan el veto a las jubilaciones. No todos los jubilados son Anti-milei. El peronismo padece una difícil situación para lograr representarlos víctima de su segmentación interna y sus difucultades para romper con la idea de Kirchnerismo=peronismo. Peronismo=corrupción.

Así de lineal el razonamiento, pero así de complejo el escenario

Partimos de una duda: ¿qué piensan los jubilados en relación al veto?

Una duda que muchos tenemos. Vemos marchas los miércoles, sindicatos y partidos acompañando. Medios de comunicación que amplifican los argumentos. Vemos un clima al que se suman otras demandas y hacen de este escenario algo aún más complejo y elaborado (entes nacionales sí/no, universidades, discapacidad) vemos un congreso activo, escuchamos tantos puntos y contrapuntos que decidimos consultar a sus principales protagonistas.

Este breve informe es solo una síntesis. Posiblemente sigamos profundizando sobre esta discusión.

FICHA TÉCNICA:

  • CASOS: 1500
  • 24 JURISDICCIONES – PESO SEGÚN POBLACIÓN
  • FECHA: 15 A 19 DE AGOSTO
  • MODALIDAD: DIGITAL – DISPOSITIVOS
  • ERROR: ± 3%
  • CONFIANZA: 95%

EL PUNTO DE PARTIDA

El conjunto de datos que presenta la encuesta “Estudio Nacional Jubilados – Agosto 2025” es un síntoma en el sentido más clínico del término. Muestra una ruptura evidente en la lógica que tradicionalmente asociamos al comportamiento electoral: el “voto bolsillo”. Un 60.2% desaprueba la gestión presidencial, un 64.1% está en desacuerdo (total o parcial) con el veto a la ley de aumento jubilatorio y un 76% no llega a fin de mes con tranquilidad. Sin embargo, Javier Milei (24.3%) y La Libertad Avanza (31.4%) lideran la intención de voto y la identificación política en este segmento.

Al registrar el rotundo rechazo hacia el veto (¾ partes de los jubilados argentinos lo rechazan) podríamos plantearnos un camino directo hacia la sospecha de que LLA no tiene peso ni reconocimiento positivo en este segmento de la población. Pero no.

Sucede que “jubilado” no es una categoría natural, menos aún homogénea; es una construcción histórica del poder y del Estado. Su relación con el poder ha mutado, y con ella, su estructura y su sentido. El jubilado de hoy condensa una historia muy variada de formas de relación con el poder, la política y el estado.

Podría plantearse que el hecho de que un jubilado apoye y pretenda votar a Milei es una paradoja. La “paradoja del votante jubilado” que simpatiza con Milei, al parecer, no debe ser tal. Es, en realidad, un error de percepción basado en la presunción de que la categoría “jubilado” es un bloque social y económico homogéneo. No lo es. Los datos nos permiten segmentar a este universo y descubrir que detrás de los promedios se esconden dos, o más, mundos diferentes con lógicas de voto radicalmente opuestas.

El gasto de los jubilados en Argentina se compone de variados tipos de bienes y servicios. El podio se compone de alimentos servicios y medicamentos. Aquí una de las puntas del iceberg: son tres cosas que la volatilidad de la economía (inflación) en períodos anteriores, generaba angustia e incertidumbre. Esto permite que aún el 36% de los jubilados del país aprueben la gestión del presidente Milei. ¿Esto se traduce en votos? no. El tema es más complejo y menos lineal. Pero si podemos sostener algo. Quienes menos problemas tienen para llegar a fin de mes, son quienes más aprueban la gestión libertaria.

¿QUÉ APOYAN LOS JUBILADOS?

Los datos muestran una polarización absoluta. Entre los votantes de LLA, el 92.7% está de acuerdo (total o parcialmente) con el veto. Entre los votantes del Kirchnerismo, el 98.9% está en desacuerdo (total o parcial). No hay puentes. La identidad se construye en oposición directa al otro.

El significado de “ser libertario” o “ser kirchnerista” en este segmento se define por un antagonismo fundamental. Son significantes que solo adquieren sentido en su oposición mutua. El votante de LLA, al apoyar el veto, no solo apoya una medida económica; realiza un acto de reafirmación identitaria contra todo lo que el kirchnerismo representa para él. Pero es, al mismo tiempo, propietario, con mejores niveles de ingreso y menor nivel de necesidad económica. Tiene menos dificultades para llegar a fin de mes.

El votante jubilado que apoya a Javier Milei puede ser perfilado de la siguiente manera:

  • Es un sujeto de capital, no de ingreso: Se identifica más con su rol de propietario que con su condición de jubilado. Tiene casa propia, no alquila ni vive con sus hijos. Quiere que SUS cosas sean valoradas. SU mérito, reconocido.
  • Es ideológicamente anti-kirchnerista: Su identidad política se define por un rechazo visceral y absoluto al modelo anterior.
  • Es estratégicamente tolerante al dolor (ajeno): Acepta medidas que perjudican al colectivo de jubilados porque prioriza un objetivo superior (la estabilidad) y porque, individualmente, está más protegido de sus consecuencias.
  • Encuentra cierta satisfacción en la dureza del modelo: Apoya la imposición de una ley sacrificial que siente que disciplina a otros y restaura un orden moral que él valora, todo desde una posición de relativa seguridad económica. Es jubilado por años de aporte, no por moratoria u otras políticas.

El votante jubilado que rechaza a Javier Milei puede ser perfilado así:

  • Es un sujeto de derecho y de ingreso, no de capital: Su identidad y seguridad económica están intrínsecamente ligadas a su haber jubilatorio y a la protección del Estado, no al valor de sus activos. Para él, el Estado no es una amenaza a su patrimonio, sino el garante (o el deudor) de un derecho adquirido. Su voto está anclado en la realidad de su bolsillo y en la percepción de que el Estado está incumpliendo su función protectora.
  • Para este sujeto, el ajuste no es un “dolor necesario” o un sacrificio estratégico por un bien mayor. Es un daño personal, presente y existencial. Las medidas del gobierno no son una “cirugía mayor” que observa desde la distancia, sino una agresión directa a su capacidad de comprar alimentos, medicamentos y pagar los servicios. Su oposición no es una postura ideológica abstracta, sino la consecuencia directa de una vulnerabilidad económica real y creciente. Siente que el sistema que alguna vez lo protegió se ha vuelto en su contra.

EL FRAGMENTADO GRUPO DE VOTANTES FILO-PERONISTA

La fortaleza electoral del gobierno (siempre dentro de este grupo de estudio), como veremos, no reside únicamente en la cohesión de su propia base, sino, y quizás en mayor medida, en la incapacidad estructural de la oposición para unificar la suya.

Estamos ante tres grupos con lógicas, identidades diferentes.

a) El votante Kirchnerista (18.4%): el sujeto de la lealtad y la memoria

Este es el núcleo de oposición más duro e ideologizado. Su rechazo al veto es casi unánime y visceral (92.9% está en desacuerdo total). Es, además, el grupo en situación económica más precaria: solo un 8.2% llega “con tranquilidad” a fin de mes.

Para este votante, el kirchnerismo no es un partido, es una identidad. Una que los constituyó como sujetos de derechos (a través de la re-estatización y, crucialmente, de las moratorias previsionales) ha sido destruido. Su posición no es de simple oposición política, es de duelo y resistencia. Su deseo es la restauración de un orden perdido que asocian con la inclusión y la protección estatal. La figura de Cristina Kirchner (72.3% de identificación en este sub-grupo) actúa como el ancla de esa memoria afectiva.

b) El votante del peronismo unificado (12.9%): el sujeto de la estructura

Su oposición al veto es igualmente sólida (91.5% en desacuerdo total). Su situación económica es muy similar a la del votante kirchnerista.

Este es el votante del peronismo más tradicional, ligado a las estructuras del partido, los sindicatos o los gobiernos provinciales peronistas no kirchneristas. Su posición responde a la liturgia del movimiento: la justicia social, la soberanía, la defensa del trabajador. Su rechazo al gobierno actual se basa en que este ataca los pilares históricos del peronismo. Sin embargo, su lealtad no es necesariamente hacia una persona (como CFK), sino hacia la institución “partido”. Son la base que podría movilizar un gobernador o un líder sindical.

c) El votante del peronismo justicialista (11.1%): un sujeto pragmático

Aunque firmemente en la oposición, su intensidad es ligeramente menor (80.2% en desacuerdo total con el veto). Son el grupo menos ideologizado y, comparativamente, el que menos sufre el ahogo económico.

Este es el “peronista flotante” o de centro. Puede ser el jubilado que alguna vez votó por opciones como el peronismo federal (Schiaretti, Massa). Su oposición es más pragmática que identitaria. Rechaza el ajuste por sus consecuencias, pero no necesariamente adhiere al relato restaurador del kirchnerismo. Es el segmento más permeable a una oferta peronista renovada que hable de “gestión”, “orden” y “futuro” sin la carga simbólica del pasado.

Conclusión (¿Inicial?)

El estudio nacional que hemos realizado pretende ser una invitación a reflexionar sobre un sector de la población que recientemente se ha visto en el centro de la escena en tanto sujeto. Nuestra hipótesis de partida implicaba que los jubilados rechazarían rotundamente el veto y que, además, quitarían masivamente el apoyo político frente a una elección. Tal hipótesis fue rectificada. No hay tal masividad en torno al rechazo y casi un tercio de los jubilados del país, siguen apoyando las medidas del gobierno, aunque estas no sean beneficiosas para sí.

Políticamente, entendemos que la fortaleza del gobierno no radica tanto en el 31.4% que lo apoya incondicionalmente, sino en que el 42.4% que se le opone desde el peronismo es un archipiélago de islas desconectadas. Cada isla tiene su propia historia, su propio líder y su propia utopía. No tienen un lenguaje común, no tienen un mapa compartido y, lo más importante, no tienen un barco capaz de reunirlos a todos para la batalla.

Por lo tanto, la situación actual no es la de un gobierno con apoyo minoritario frente a una mayoría opositora. Es la de un bloque de poder ideológicamente cohesionado frente a una mayoría numérica (jubilados en contra del veto y que no valoran positivamente a Milei) políticamente fragmentada. Y en la lucha por la hegemonía, la cohesión suele ser un arma más poderosa que el número. El análisis, entonces, no cambia; se completa al diagnosticar que la principal fortaleza del gobierno es, paradójicamente, la debilidad estructural de su oposición.

Una fuerza política hegemónica es aquella que logra articular diferentes demandas sociales (la del jubilado por moratoria, la del trabajador sindicalizado, la del peronista pragmático) bajo un “significante vacío”: un símbolo o líder que logre representarlos a todos en su oposición a un adversario común.El peronismo hoy carece de ese significante vacío.

Cristina Kirchner funciona como un significante “lleno”, no vacío. Aglutina con una fuerza clara a su 18.4%, pero su alta carga simbólica e histórica genera rechazo o indiferencia en los otros segmentos peronistas y en el resto de la sociedad. Es un factor de cohesión para los propios y de fragmentación para el resto. No existe hoy una figura que, como Lula en Brasil, pueda suturar las heridas entre las diferentes familias del campo popular y presentarse como una alternativa unificada y creíble.

En cambio, Javier Milei sí ha logrado convertirse en el significante vacío de todo el arco anti-peronista. El votante del PRO, el radical desencantado y su propio votante libertario se unifican bajo su figura, no por lo que es, sino por lo que no es: no es kirchnerismo. Es por esto que vemos y seguiremos viendo una campaña anti-K. Porque sostiene y alimenta la fractura.

Quizás, luego de un tiempo, si el peronismo se unifica y articula realmente un abanico de demandas nuevas (estado chico, eficiente, capitalismo, consumo, meritocracia), pueda llegar a ser una opción más seductora. Hoy, mientras tanto, LLA se encamina a consolidar su poder real por medio de unas elecciones legislativas de octubre con un rendimiento, cuanto menos, favorable.