Escenarios

Me alío, luego existo

Anatomía de la tendencia “aliancista” de Mendoza

julio 20, 2025 · Por Sociolitica

Somos una consultora de opinión pública que busca, desde estas publicaciones, aportar elementos, miradas y posiciones para analizar y, quizás, comprender la realidad argentina.

Nuestra mirada de base sociológica pretende describir y proyectar escenarios.

La serie de informes se publica todas las semanas, intentando una síntesis de la semana transcurrida.

Hoy proponemos un análisis las alianzas electorales como medio de supervivencia ante un electorado que se volvió consumidor más que ciudadano.

Resumen Ejecutivo

La decisión del Gobernador Cornejo de unificar la elección legislativa provincial con la nacional es, como mínimo, algo más que una jugada de calendario. Es una expresión política que permite confirmar el posible fin de una era: la del partido político autosuficiente.

Hoy, y quizás desde hace algún tiempo -digamos, quizás 15 o 20 años- en Mendoza, la presencia, dominación y hegemonía política no se define desde una identidad partidaria intrínseca, sino por la capacidad de pactar, de absorber o de ser absorbido. Frente a un electorado indiferente, abúlico; que padece de una indefensión aprendida y que mira sin mucho entusiasmo cómo pasan las propuestas, discursos, señalamientos, peleas. A ese electorado, le daremos el nombre de “consumidor-elector” y veremos cómo se gestó.

Hace rato, no hay una idea hegemónica que represente a una mayoría. Sino más bien lo que aglutina, pero de modo inconexo, es la emoción. Y todo pasa (debe pasar), rápido, sin mucho para quedarnos reflexionando y debatiendo. Parecemos ser más contemporáneos de un tiempo voraz y volátil que habitantes de un lugar, por eso somos algo de fácil acceso y gustamos de lo efímero, porque incomoda menos, no exige grandes esfuerzos y, en todo caso, eso que nos sedujo,puede descartarse. Porque no nos aferramos, solo estamos de paso, en movimiento, siguiendo, el tiempo hacia el futuro, sin saborear casi nada del presente.

Entonces, para los dirigentes y los partidos, también confundidos por esta desconexión política-gente, la pregunta y el desafío de representarnos ya no es “¿quién soy?”, sino “¿con quién me alío para seguir siendo?”. Bienvenidos al nuevo paradigma: Me alío, luego existo.

1. Empecemos con la cuestión de Fondo – ¿Por Qué “Me alío, luego existo”?, ¿Cómo llegamos hasta aquí?

Este fenómeno es el resultado de una interesante metamorfosis histórica y sociológica de la política mendocina. Veamos una escueta síntesis de cuatro hitos

1. La era bipartidista (el sello valía): Desde la vuelta de la democracia hasta finales de los 90, Mendoza funcionó con un bipartidismo relativamente claro (UCR vs. PJ). Los partidos tenían identidades fuertes, bases ideológicas y estructuras que los hacían autosuficientes. Ser radical o ser peronista significaba algo concreto. La alianza era una excepción, no la regla.

2. El terremoto de 2001 (la implosión de la confianza): La crisis de 2001 y el “que se vayan todos” no solo liquidó políticos; liquidó la confianza en el “partido” como institución. El sello partidario se convirtió en un sinónimo de “vieja política”. El electorado dejó de votar por partidos y empezó a votar por personas.

3. El incremento del liderazgo personalista (la “marca” del líder):

La política post-2001 en Mendoza es la historia de “marcas” personales fuertes que trascienden a sus partidos. Antes el partido creaba al líder. Un político hacía una larga carrera dentro de la estructura, y si demostraba carisma y capacidad, era la estructura la que lo ungía.El partido era más importante que la persona. Hoy el líder crea (o alquila) el partido. Un outsider como Milei construyó su marca en los medios y luego crea un “partido-vehículo”. La persona es más importante que el partido.

La estructura se volvió un apéndice de la marca personal. Nadie votó a La Libertad Avanza por su plataforma o sus cuadros; votaron por la marca “Milei”. En Mendoza la gente votaba por “Cornejo”, no necesariamente por la “UCR”. Hoy, de hecho, se habla de cornejismo o anticornejismo. El poder se personalizó.

4. La fragmentación digital y el fin de las mayorías: Las redes sociales y la segmentación mediática hicieron el resto. El discurso se atomizó. Ya ningún partido, por sí solo, puede capturar la imaginación de una supuesta mayoría homogénea. Hoy hay minorías heterogéneas y subjetividades dispersas y atomizadas. Hiperconectadas, pero alejadas de esta realidad política. La política se convirtió en un juego de nichos.

2.1 Anatomía del Electorado Mendocino: ¿Cómo Piensa?

Como dijimos, el electorado mendocino no es un bloque homogéneo, pero se articula sobre un ethos (un conjunto de formas de actuar y conducirse compuesta de creencias y valores) muy definido.

  • Piensa como un “vaqueano administrador”: El ADN mendocino está forjado por la lucha contra el desierto. Criado con una mentalidad pragmática, laboriosa y desconfiada de las grandes promesas y las epopeyas ideológicas. El mendocino no cree en soluciones mágicas, es conservador para lo local. Cree en el trabajo, en el orden y en la administración eficiente de los recursos escasos (el agua es un buen significante para todo esto). Por eso, el discurso de “buena gestión” de la UCR local ha funcionado tan bien: apela a este instinto de supervivencia a través del orden. “La revolución de lo sencillo” tuvo mucho de eso. De encontrar significados potentes y ponerlos a funcionar en tándem con el pensamiento y la identidad local.
  • Anti-porteñismo pragmático: El rechazo al kirchnerismo y al peronismo nacional no es solo ideológico. Es la percepción de que representan un modelo de despilfarro, caos y subsidio improductivo, la antítesis de la cultura del oasis. El mendocino piensa: “Yo trabajo y administro mi escasez, mientras desde Buenos Aires se imprime dinero para sostener un sistema que no funciona”. De hecho, Jaque no fue exageradamente K, ni Pérez (aunque se benefició de la oleada centralista K) sobreabundó en esa doctrina nac & pop.
  • Valora la jerarquía y la previsibilidad: Sí, valora el orden. Prefiere una autoridad clara (aunque sea estricta) a la anarquía de la deliberación constante. Le da valor a la gestión que se ve: asfalto, obras, limpieza. Patrulleros, cámaras, policías. Es un voto que quiere poder tocar.

2.2. Anatomía del electorado mendocino, quizás más relevante en términos electorales: ¿Cómo siente y qué puede ofrecérsele?

Siente un “orgullo insular”: Mendoza se siente a sí misma como una isla cultural y económica. Este orgullo genera un fuerte sentimiento de pertenencia y una demanda de que los líderes “defiendan a Mendoza” de las “injusticias” del gobierno nacional (como la promoción industrial o la coparticipación). Un político que encarna esta defensa, gana capital emocional. Seguro el lector recordará la idea algo irónica y bastante provocativa del Medoexit.

Ansiedad por la seguridad (física y económica): Debajo de la superficie de orden, hay una profunda ansiedad. El delito y la crisis económica son las dos grandes amenazas que perforan la sensación de “oasis protegido”. Un mendocino no puede disfrutar de una plaza bonita si tiene miedo de que le roben al volver a casa. El miedo es la emoción política dominante y subterránea. Un político que logre conectar con ese miedo y ofrecer una promesa creíble de protección, tiene una ventaja a considerar, como mínimo, interesante.

Pulsión aspiracional de clase media: El sentir mendocino es fuertemente aspiracional. Valora el progreso individual, la propiedad privada (la finca, la casa), la educación como motor de ascenso y un cierto “estilo de vida” tranquilo y ordenado. Un político que representa estéticamente estos valores (prolijidad, moderación en el lenguaje, imagen familiar) conecta mejor que uno que representa la conflictividad o la estética popular del conurbano bonaerense.

Entonces, vamos cayendo en la cuenta de que… frente a un mendocino tan complejo que piensa y siente de modos particulares y especiales. Que quiere orden, audacia, firmeza, cercanía, certidumbre y pragmatismo. Necesitamos hacernos preguntas nuevas: ¿Cómo podría un solo partido, una idea general, una sola bandera, ofrecer y significar, al menos, la mitad de esas demandas? No creemos que sea posible. La solución (parcial) a eso, hoy, se llama alianza electoral.

3. Sobre el voto ausente: ¿Por qué votamos menos? No es falta de ganas, es una declaración y una declamación. 3 hipótesis y una paradoja

El paso del “ciudadano elector” al “consumidor electoral”: El ciudadano del siglo XX tenía un deber cívico, una lealtad partidaria casi tribal. El consumidor del siglo XXI se para frente a la góndola de candidatos y pregunta: “¿Qué hay para mí?”. Y si ninguno de los “productos” le satisface, si percibe que la “oferta electoral” es una estafa o un conjunto de marcas que ya no le generan confianza, no elige ninguno. El voto en blanco o la ausencia es una acción que resume el “no me satisface, no compro”.

La devaluación del acto de votar: La subjetividad mediática juega un rol clave aquí. El flujo constante de noticias sobre corrupción, peleas internas y fracasos de gestiones generan una fatiga cívica. El -ex- ciudadano siente que su voto, su única moneda de poder, ha perdido su capacidad de compra. “¿Para qué invertir mi tiempo y confianza si el resultado es siempre el mismo?”. No es pereza o desgano, es un cálculo racional de costo-beneficio emocional: el esfuerzo de participar se percibe como mayor al beneficio potencial.

La alianza como síntoma: Cuando el consumidor ve que las marcas que compiten (por ejemplo, LLA y PRO, como recién vimos en Buenos Aires) se fusionan en un producto híbrido e ideológicamente incoherente, difuso o vago. Su percepción es que “son todos lo mismo”. Esta percepción de un cártel político que se reparte el poder, valida su decisión de no participar y retirarse del mercado. La alianza, diseñada para ganar, a menudo aliena a un sector del electorado que busca una opción auténtica.

La paradoja, no obstante, si se le ofrece algo claro, unívoco o explícito, los consumidores tampoco sienten adhesión. Al menos no una que toque sus nervios emocionales y sentimientos. En este caso, lo viejo no funciona. El consumidor necesita moverse hacia adelante, devenir en otra cosa, encontrar nuevas demandas para que alguien las concrete o, al menos, prometa e intente hacerlo, sea del modo que sea. Así se abren las puertas no solo a más personalismos, sino fundamentalmente, a más radicalizados liderazgos.

4. Pronóstico de performance motivos de tendencia de adhesión y rechazo

Si bien las encuestas dan diferentes números en Mendoza, todas (al menos las que conocemos) expresan una tendencia de mejor rendimiento de la posible alianza FCM y LLA.

¿Por qué? Porque apela al instinto primario del electorado mendocino: el orden y el anti-kirchnerismo. Esta alianza, aunque que responde a la mencionada suma de sentidos y lineamientos coherentes e incoherentes en su composición ideológica, ofrece una promesa de gobernabilidad y un bloque algo más compacto que el del modelo K, devaluado electoralmente, pero activo y sumamente complejo en su entramado. En fin, combina la percepción de “buena gestión” de la UCR local y sus aliados (FCM) con la pulsión de “cambio disruptivo” de Milei y la activación emocional (LLA). En suma es una oferta electoralmente seductora porque ofrece altas cargas de racionalidad y emocionalidad.

Mayor dificultad de adhesión: El Peronismo.

¿Por qué? Porque cargan con una triple mochila. 1) El ancla nacional: La imagen instalada de gobiernos que han generado el estado de caos que, supuestamente, Milei viene a ordenar 2) La crisis de liderazgo: No hay una figura provincial que genere entusiasmo y unifique. Hay intentos ante los que la opinión pública no termina cediendo. 3) La falta o vaguedad de un relato propio: Su discurso es mayoritariamente centrado en una crítica al oficialismo, sin una narrativa de futuro que emocione. Las internas convocadas para el 10 de agosto no es sino otra expresión de la dificultad interna, la fractura compleja de la trama de poder. Basta, sino, mirar lo sucedido en el cierre de listas en Provincia de Buenos Aires y el gesto de “rebeldía” antik de los intendentes, digamos, quizás ¿ex K?. Sin dudas el peronismo transita un fuerte cambio de época interno.

Desafíos para el PRO, P. Verde, LaUM y otras opciones. Las propuestas como la encabezada por La Unión Mendocina corren riesgo de perder densidad porque quedan por fuera del juego de polos. No lograr polarizar ni ser opción antinómica es un limitante para la construcción de una identidad política que seduzca al consumidor, porque en las góndolas, éste gusta de las primeras marcas. Busca simplificar su elección porque no le interesa la cosa política. Va a lo conocido, a una opción de contrastes. Coca vs Pepsi.

CONCLUYENDO…?

En este escenario de acelerada transformación política, donde las identidades partidarias tradicionales ceden lugar a alianzas flexibles, Mendoza no es una excepción, sino un laboratorio privilegiado. Lo que alguna vez fue una provincia regida por estructuras sólidas y lógicas bipartidistas, hoy muestra un electorado que premia la funcionalidad antes que la fidelidad, la promesa de orden antes que el relato ideológico. Frente a un votante devenido consumidor, la política ha debido adaptarse, ofreciendo fórmulas híbridas, personalismos fuertes y estrategias comunicacionales que ya no apelan tanto a la convicción como al deseo.

No obstante, esta estrategia aliancista, que parece inevitable y hasta exitosa en el corto plazo, conlleva también riesgos de legitimidad y representación. Al fusionarse marcas, se diluyen identidades, y con ello, se debilita la posibilidad de construir proyectos políticos con raíces profundas. Las alianzas electorales pueden ser funcionales para llegar al poder, pero no necesariamente para gobernar con cohesión, visión y coherencia.

Por eso, más que concluir, este informe propone abrir un par de interrogantes: ¿Puede la tentación de la eficacia electoral terminar vaciando de contenido a la política y reforzando el proceso de distanciamiento de ese electorado devenido en consumidor?, ¿Es posible reconstruir confianza y sentido sin renunciar a la complejidad del pensamiento político?

Tal vez el próximo paso no sea solo “aliarse para existir”, sino atreverse a imaginar una nueva forma de hacer política que combine gestión, emoción y proyecto y que encuentre el punto de conexión con el electorado más allá de una relación transaccional. Porque existir no debería ser solo sobrevivir.